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                                               1 Fundamentos históricos

 

La primera asociación que reunía artesanos jóvenes, nació en 1846, en la localidad de Elberfeld, hoy barrio de la ciudad de Wuppertal / Alemania.

La iniciativa partió de algunos jóvenes cuyas inquietudes fueron acogidas por el profesor Johann Georg Breuer, el cual apoyó a ese primer grupo muy activamente en muchos aspectos, como por ejemplo, prestándole ayuda para la redacción del primer texto de estatutos o poniendo a su disposición salas de su colegio como lugares físicos para las reuniones.

 

En la segunda mitad del año 1847, Adolfo Kolping, en aquel momento vicario de la parroquia de Elberfeld, fue elegido como el segundo asesor eclesiástico en la breve historia de esa asociación, encontrando en este campo la tarea que iba a marcar su vida para siempre. No tuvo parte en la fundación de esta primera asociación. Sin embargo, desde que la conoció, la apreció y la apoyó.

 

Una vez destinado por sus superiores a Colonia, Kolping fundó allí la segunda asociación en 1849 y al año siguiente la tercera en la ciudad de Düsseldorf, cercana a Colonia. Todavía en el mismo año, se reunieron sendos representantes de estas tres asociaciones constituyendo la primera federación o “asociación de asociaciones”. A partir de 1851, tanto la federación, como las asociaciones locales, adoptaron el nombre de “Asociación Católica de Jóvenes Artesanos”.

En los años siguientes, la obra experimentó una rápida difusión, lo cual demostró que la semilla había caído en tierra fértil o, dicho de otro modo, que la idea correspondía a una necesidad real de la época.

Fueron elaborados y aprobados a nivel de la federación los primeros “estatutos generales”, sobre cuya base las distintas asociaciones locales redactaron y aprobaron sus propios estatutos particulares. Desde el principio, la sede central de la federación estuvo en Colonia, donde Adolfo Kolping ejerció, a la vez, como asesor de la asociación local y de la federación.

 

Debido a su autoridad nunca cuestionada, pudo marcar con su sello personal el destino y el desarrollo de la obra hasta su muerte en diciembre de 1865.

 En aquel momento ya existían - en Alemania, en muchos países europeos y hasta en Norteamérica - más de 400 asociaciones locales.

 

                                                 2 Fundamentos ideológicos

 

En un texto programático, escrito en 1849 y titulado “La Asociación de Jóvenes Artesanos", Adolfo Kolping expuso de manera detallada, tanto las tareas y los objetivos fundamentales de su obra, como también los aspectos más importantes del trabajo práctico dentro de la asociación. Citaremos a continuación algunos de los párrafos más significativos de ese documento.

 

“¿Cuál será la manera conveniente de acoger a esos jóvenes trabajadores artesanales? ¿Cómo se logrará influir sobre ellos de tal modo que esta influencia contribuya a su formación y redunde en su beneficio?,   Como respuesta digo que esto deberá hacerse de una manera tal que, a la vez, los motive y los eduque, que deje mucho espacio para el despliegue de sus propias fuerzas, que intente orientarlos hacia objetivos dignos de su esfuerzo y que los mantenga convenientemente unidos, para que se comprometan con  todas sus energías con lo que es bueno y deseable.

Lo primero que le falta al artesano joven, es un respaldo moral sólido en la vida, una mano que sepa señalarle con cariño el camino correcto a seguir, una preocupación por él que no lo presione y que vaya conquistando su confianza.

 

 Sin embargo, puesto que todo el mundo se siente mejor cuando está entre sus iguales, hay que procurar darle al joven este respaldo moral no de manera individual, sino que dentro de una convivencia con otros que tienen la misma necesidad.

Es, igualmente, de mucha importancia que el joven sienta cierta simpatía hacia la persona que haya asumido la tarea de enseñarle y de orientarlo, y que en cualquier caso de necesidad pueda confiar en su preocupación activa y desinteresada.  Además, generalmente, el joven artesano no tiene un lugar donde estar, a no ser el taller o la taberna, o donde sentarse con agrado y ocuparse durante un breve rato siquiera con cosas serias y convenientes para su educación... Le falta un refugio fuera de su albergue o de las tabernas, donde pueda descansar un momento y nutrirse intelectual y espiritualmente con alimentos de su gusto y especialmente preparados para él.

 

 También le faltan oportunidades de ir capacitándose en su oficio con miras al futuro, más allá de los conocimientos técnicos que le pueda entregar el maestro en cuyo taller trabaja. Más, todavía, le faltan oportunidades convenientes para recrearse y divertirse de un modo que le sirva para levantar su ánimo y para elevar su mente y que no encuentra ni en su casa, ni en la taberna ni en lugares públicos de recreo y diversión.

 

Además, debe resucitarse y refrescarse su afecto a la religión a través de actividades que despierten en él un nuevo y más vivo interés al respecto. Por esto debe brindársele la  oportunidad de ampliar sus conocimientos de las cosas de la religión y de experimentar una nueva alegría, fruto de la fe.

 

Finalmente, el joven al que nos referimos, carece de ocasiones de entregarse con afecto a una buena causa, en conjunto con otros y en beneficio de otros. Su corazón necesita objetos para ejercer la caridad.

¿Será, realmente, posible satisfacer tantas necesidades? Yo digo que sí, y añado que esto no sólo se puede, sino que se debe hacer, al menos si se dice tener buenas intenciones para con esta parte tan importante de nuestro pueblo.

Queda como pregunta: ¿Qué habría que hacer para lograr todo esto?

Comiéncese por implementar un salón espacioso y cómodo en todas las ciudades y, a ser posible, también en las comunas rurales más grandes; después, procúrese que este salón tenga iluminación en las tardes y noches de los días sábado, domingo y lunes y que esté bien calefaccionado en invierno; y finalmente, ábrase este local a todos los trabajadores jóvenes que hayan dado muestras de tomar en serio sus compromisos tanto a nivel de su vida privada como a nivel de su oficio.

 

Puesto que los que acudirán, serán jóvenes que tengan intereses comunes y que procedan de un mismo estrato, no costará nada reunirlos en una asociación.

 Póngase luego esta asociación y su presente y futuro en manos de un directorio constituido por ciudadanos respetables que deseen colaborar con un fin loable, y búsquese como presidente del directorio a un sacerdote que ejerza esta función con toda la entrega personal y con ese gran espíritu de sacrificio que el ministerio que recibió para servir al pueblo, y la buena causa le exigen.

 

 Cuanto más provechosas y agradables les parezcan a los jóvenes las horas que pasen en ese local, cuanto más espacio para sus propia ideas se les conceda, cuanto más dignamente se les trate, tanto más firme será su perseverancia. No deberán faltar tampoco buenos libros, periódicos y diarios que traten no solamente materias religiosas, sino que también temas de la vida civil y del trabajo que puedan ser de provecho para cualquier artesano.

 

 Complétese todo esto con la palabra viva del sacerdote que preside la asociación, para el cual este trabajo abre posibilidades especialmente favorables para volver a cimentar en los corazones de estos jóvenes la religión como fundamento de la felicidad del pueblo y de los individuos y para hablar de prácticamente  todos los temas que se relacionen con la vida del joven artesano y que puedan ser de muchísimo interés para él."Este texto - que fácilmente podría ser completado por otros textos parecidos - puede graficar de una manera muy concreta cómo fue la etapa inicial de la obra y en qué consistieron las actividades que se realizaron en las primeras asociaciones.

 

                                  3 Fundamentos estructurales y pedagógicos

 

Si a partir de los documentos originales queremos sintetizar, de un modo más resumido y abstracto, los fundamentos estructurales y pedagógicos de la “Asociación de Jóvenes Artesanos", llegaremos a cinco principios esenciales, las que presentaremos a continuación.

 

a) Los principios esenciales

 

 

Visión integral de la persona humana. - Es evidente que el ser humano es un fenómeno extremadamente complejo. Reúne en sí, entre otras cosas, las más distintas capacidades y necesidades, expectativas y deseos, experiencias y hábitos, valores y criterios. Se relaciona, de múltiples formas, con otros seres humanos. Está integrado a estructuras sociales, debido a las cuales se ve confrontado, por ejemplo, con una gran diversidad de demandas y exigencias, normas y reglas, condiciones marco y contextos preestablecidos.

 

Cuando en la asociación hablamos de la visión integral de la persona humana, nos referimos a la necesidad de aceptar conscientemente y de tomar en serio en nuestro trabajo, esa complejidad del ser humano, la cual también cada uno de nosotros experimenta en carne propia día tras día.

Tenemos que enfrentar el desafío de mirar a la persona humana siempre en el contexto de todos sus ámbitos existenciales y de todos sus campos de acción, y no caer en la tentación de desviar nuestra mirada hacia dimensiones particulares y aisladas. Con esto no se excluye que en determinados momentos se ponga el acento en algún aspecto particular, pero sí se evita un enfoque general demasiado estrecho de nuestras tareas.

 

Adolfo Kolping dijo al respecto:

 

* “El cristianismo apunta a la persona humana en su totalidad, con todas las dimensiones de su vida, para redimirlo del mal y educarlo y fortalecerlo en todo lo que es bueno.” * “El amor, si es verdadero, debe marcar, de una manera notable y palpable, todas las dimensiones de la vida y no sólo una que otra, puesto que abarca a la persona en su totalidad, es decir, no se interesa solamente por su salvación eterna, sino también por su bienestar terrenal.”

 

Ayuda para la autoayuda. - Kolping quiso reunir alrededor de sí a personas dispuestas y decididas a esforzarse ellas mismas por crecer. No tuvo interés en ser él el agente de crecimiento ajeno.

 

Ayuda para la autoayuda significa siempre que las personas con las que trabajamos sean sujetos que asuman un rol activo, y que no se conviertan en objetos pasivos de nuestros fines y de nuestras actividades. Todo lo que puede y debe hacer la asociación debe limitarse a apoyar y a sugerir, a motivar y a impulsar, para que los miembros se pongan en camino, y a los que ya están bien encaminados, la asociación los debe acompañar de esta misma forma, siempre respetando su iniciativa propia.

 

Esta actitud que se requiere de parte de la asociación, expresa un alto grado de confianza en la capacidad de las personas invitadas a participar, de estructurar y organizar convenientemente su propia vida, aunque sea con un cierto apoyo desde fuera. Y para las personas que todavía no creen tener esta capacidad, esta misma actitud de la asociación constituye un gran desafío a esforzarse por adquirirla.

 

Todo este proceso subraya de manera  inequívoca que la relación mutua entre la asociación y sus miembros - y esto equivale a decir “entre todos los que participan en el trabajo de la asociación” - debe caracterizarse por un auténtico espíritu de cooperación entre partes iguales.

 

Adolfo Kolping dijo al respecto: * “Bienaventurado será quien tiene buena voluntad, es decir, todo depende de la persona y de sus actos. Feliz, sin embargo, será quien se esfuerce afanosamente por llegar a ser cabalmente lo que puede y lo que debe ser.”  * “El hombre es lo que él mismo hace de sí.”

* “A cada uno se le exige lo que es capaz de hacer.”

 

Orientación a los intereses y a las necesidades reales de las personas. - El trabajo práctico de la asociación debe orientarse - tanto a nivel de contenidos, como a nivel de metodología - hacia los intereses auténticos y hacia las necesidades verdaderas de la persona en el contexto concreto de su vida.

 

El otro debe ser aceptado y tomado en serio “tal como es”, al menos al comienzo del camino que se piense recorrer junto a él, aunque nuestro objetivo sea que llegue a la meta ya no “tal como era”. Para que se cumpla este principio, se exige todo un proceso de análisis de las distintas realidades de vida de muchos individuos que quieran caminar juntos.

 

En esto, sin embargo, hay que tener en cuenta el hecho de que no todos nuestros intereses ni todas nuestras necesidades nos son conocidas. Tenemos también necesidades, más bien objetivas, de las que muchas veces no tenemos conciencia.

Aquí deben demostrarse eficaces los fundamentos programáticos de nuestro trabajo en la asociación, puesto que a través de ellos debe enfrentarse la tarea de crear en el otro la conciencia necesaria y de convencerle de que sus necesidades desconocidas existen y son importantes. Adolfo Kolping dijo al respecto:

* “Una asociación siempre debe ser la respuesta a una necesidad que sea palpable en la sociedad y que tenga características de ser permanente y no pasajera.”

* “El cristianismo acoge a la persona tal como es y la convierte en lo que debe ser.”

* Sólo se puede cuidar, corregir y educar con éxito lo que se conoce a fondo.”

Comunidad de carácter familiar. - El solo hecho de reunirse alrededor de alguna actividad común todavía no crea “comunidad”. Ser comunidad requiere vínculos más fuertes que surgen de la coincidencia de principios, objetivos y medios. Sólo cuando varios sujetos desde el mismo punto de partida quieren llegar a la misma meta, recorriendo juntos un mismo camino, y cuando también existe entre ellos una cierta cercanía afectiva, se puede hablar de comunidad. La “comunidad Kolping” - tanto a nivel de la Familia Kolping en particular, como a nivel de la Obra Kolping en general - intenta cumplir con estos criterios, pero se caracteriza, además, por tener en común un mismo fundamento religioso.

 

Al hablar de comunidad, no nos referimos a un ente social estático y definitivo; al contrario, nuestro concepto de comunidad es de un dinamismo desafiante que incluye permanentemente nuevas tareas y nuevos desafíos. Más que “pertenecer a una comunidad”, “compartimos un proceso comunitario”, a través del cual nos esforzamos por conquistar y consolidar cada vez de nuevo esa calidad que nos convierte, precisamente, en comunidad.

 

La forma ideal y más característica de comunidad humana corresponde - filosóficamente, aunque no necesariamente en la realidad - a la familia, puesto que en ella los elementos constitutivos de comunidad están presentes de manera más genuina que en cualquier otra estructura comunitaria. De manera especial esto se puede decir de los elementos emocionales, como por ejemplo, la confianza, la seguridad, el afecto.

 El hecho de que la Familia Kolping y la Obra Kolping se conciban y se definan como “comunidad de carácter familiar”, subraya la importancia y la necesidad del permanente esfuerzo que debe realizarse al interior de estas comunidades, por vivir con autenticidad ese proceso permanente que acabamos de describir.

Adolfo Kolping dijo al respecto:

* “Lo que se le hace demasiado difícil al individuo y muchas veces le hace desistir desanimadamente, florece sin grandes dificultades, cuando las distintas fuerzas se unen y se encaminan juntas hacia la meta, apoyándose y respaldándose mutuamente.”

* “Una asociación católica se reconoce, precisamente porque es como una familia, y cuanto más logra acercarse al ideal de ser familia, tanto más católica demuestra ser.” * “Somos capaces de muchas cosas, cuando tenemos una voluntad firme y tenaz; somos capaces de grandes cosas, cuando unimos nuestras mejores fuerzas.”

 

La participación como un derecho y un deber. - El término de “participación” debe entenderse siempre en dos sentidos, por una parte, como un derecho, y por otra parte, como un deber.

Las personas que se reúnen en una Familia Kolping o en la Obra Kolping tienen el derecho y, a la vez, el deber de participar en el proceso que al interior de la asociación define las opciones a seguir y los modos de proceder.

 

La posibilidad de participación más inmediata existe a nivel de la comunidad local, es decir, en la Familia Kolping.  A nivel de los órganos y organismos superiores de la asociación, la participación se hace efectiva - de acuerdo con los estatutos y reglamentos - a través de representantes elegidos por la base. Sin embargo, también en los ámbitos que sobrepasan el nivel local, se organizan muchas actividades que ofrecen oportunidades para una participación activa de todos y que, a la vez, requieren de esta participación.

 

El grado de participación que efectivamente pueda alcanzarse, depende de la forma y de la calidad en que al interior de la asociación y de todos sus estamentos fluya la comunicación, se intercambie información y se logre una cooperación eficaz y expedita. Es importante en este contexto que siempre exista un dar y recibir mutuos y que se evite que información y comunicación fluyan en una sola dirección y que las iniciativas de cooperación tengan siempre el mismo punto de partida.

 

Adolfo Kolping dijo al respecto:

* “Quien da su aporte, querrá también tener voz y dar su opinión.” * “Antes de tratar con gente, es muy necesario hablar y aclarar las intenciones y deseos.

 

De esta forma uno se ahorra muchas explicaciones después.” * “Al que es capaz de participar, se le pide su participación.”

 

b) Los principios como "componentes imprescindibles" de la Obra Kolping hoy

 

Los principios esenciales que acabamos de exponer, fueron constitutivos para la obra de  Adolfo Kolping desde los comienzos. Por consiguiente, no se trata de “algunos posibles elementos entre otros muchos” para organizar y estructurar una asociación, sino que son “componentes imprescindibles” para una asociación que lleva el nombre de Kolping.

 

Mientras sigamos remitiéndonos expresamente a nuestro fundador, no estaremos libres de aceptarlos y de practicarlos o no.

 

 

c) Los principios y su adaptación

 

Sin perjuicio de lo dicho, existe, naturalmente, la necesidad de buscar en distintas circunstancias también distintas maneras de llevar a la práctica estos principios. El mismo Adolfo Kolping insistió en esta necesidad de adaptar cada vez de nuevo el trabajo de la asociación a las condiciones marco concretas de un momento o de un contexto dados.

 

d) Los principios y sus dependencias mutuas

 

Con los cinco principios esenciales aquí tratados sucede lo mismo que ya constatamos cuando hablamos de los elementos constitutivos de “Tüchtigkeit”: existen múltiples relaciones y dependencias mutuas entre ellos, lo cual nos obliga siempre a considerarlos no aisladamente, sino en su conjunto.

 

Ejemplifiquemos lo dicho:

La orientación a los intereses y a las necesidades reales de las personas, si realmente se practica, fomenta los vínculos personales y la colaboración mutua entre los afectados; con esto fortalece a la comunidad en su desarrollo, abre la perspectiva para una visión integral del trabajo con y en pro de personas concretas. A la vez, da impulsos para descubrir y convertir en realidad nuevas potencialidades propias, con lo cual se activan, a la vez, el principio de la ayuda para la autoayuda y el principio de participación, puesto que todo esto acontece dentro de las estructuras comunitarias de la asociación.

Veamos lo mismo desde el ángulo opuesto:

 

Si la participación en el sentido explicado no es posible o no es bienvenida, se paralizan la motivación y la posibilidad real de recibir o de prestar ayuda para la autoayuda, se estanca el desarrollo comunitario, se daña el ambiente familiar y, a la larga, todo el mundo caerá en la cuenta de que, en realidad, no se trabaja sobre la base de una visión integral del ser humano ni existe orientación a los intereses y a las necesidades reales de las personas.

 

Tengamos también en cuenta:

Estos principios esenciales no pueden ni deben encasillarse en un orden jerárquico de supuestas prioridades. Su múltiple interdependencia pone de manifiesto que se trata de principios que dentro de lo complejo que es el trabajo de la asociación, tienen igual importancia cada uno. Por esto, tampoco compiten unos con otros, ni es posible reforzar unos en desmedro de otros.

 

                    4 "Principios" - "Pilares" - "Programa de la Obra Kolping"

 

De acuerdo con su programa internacional, “la Obra Kolping, fundada y plasmada por Adolfo Kolping, es una asociación católica de formación y acción que se distingue por su carácter familiar y que acompaña la vida de sus miembros”.  A través de todo lo que expusimos y explicamos en las páginas anteriores, debe haber quedado claro que esta “fórmula abreviada” del programa concuerda perfectamente con los “principios esenciales” del trabajo de la asociación aquí esbozados. Lo mismo se puede decir de los así llamados “pilares” del trabajo de la asociación de los que se habla con frecuencia. En lo fundamental, se trata de otro intento legítimo de reducir a pocos conceptos clave los componentes constitutivos del trabajo de la Obra Kolping.

 

         5 Fidelidad a los orígenes y necesidad de actualización permanente

 

De tiempo en tiempo, la pregunta por los orígenes de la Obra Kolping - y con esto la pregunta por las características del trabajo que Adolfo Kolping quiso realizar a través de la “Asociación Católica de Jóvenes Artesanos” - debe plantearse de nuevo, puesto que con los cambios del tiempo cambian también las perspectivas con las que nos acercamos a nuestros orígenes y buscamos respuestas cada vez distintas. No cabe duda de que los principios que nombramos y expusimos aquí, hasta ahora se han ajustado a los planteamientos hechos en las etapas históricas pasadas y parece poco probable que pierdan su vigencia en el futuro.

 

Sin embargo, nuestra asociación hará bien en volver a preguntar en cada nuevo contexto histórico por aquellos aspectos implicados en los principios esenciales - es decir, en la pedagogía de Adolfo Kolping - que se descubran como especialmente importantes en cada oportunidad.

De hecho, ha habido cambios profundos en la obra fundada por Adolfo Kolping, desde sus comienzos hasta nuestros días. Sin embargo, tenemos que distinguir entre los “principios” que acabamos de explicar, y su puesta en práctica concreta en un contexto histórico concreto. La receta que para la Obra Kolping significó tanto éxito a lo largo de sus más de 150 años de historia, no consistía en aferrarse a formas y estructuras determinadas, sino en saber adecuar estas formas y estas estructuras a las exigencias de cada nuevo tiempo sin, por esto, abandonar ni cuestionar los principios. Hoy, la Obra Kolping se presenta como una moderna y activa asociación social católica de alcance mundial y sigue creciendo.

 

 Que esto sea posible, sólo se explica, porque la asociación hizo caso a su fundador que en más de una ocasión insistió en la necesidad de renovar y reestructurar su obra, cada vez de nuevo, a la luz de cada nuevo tiempo y desde las experiencias acumuladas a lo largo de su historia. Adolfo Kolping definió la tarea al respecto de la siguiente manera:

“La difusión tan rápida que la asociación esta experimentando, demuestra, sin lugar a dudas que Dios la acompaña con su bendición, demuestra también que las principales normas que rigen en la asociación, son útiles y eficaces.

No demuestra, sin embargo, que todo lo que hoy día se da en la asociación, deba mantenerse en forma idéntica y así traspasarse al futuro.

 

Como todos los asuntos humanos, también el nuestro está expuesto a errores, y necesitamos que la experiencia y el tiempo nos corrijan y nos enseñen a acertar.

 Además, habrá más de un detalle que se revelará como adecuado sólo para este tiempo y para las circunstancias actuales y que, con el cambio del tiempo y de las circunstancias, tendrá que adecuarse a nuevos condicionamientos.”

 

 

Dr. Michael Hanke
Secretario Federal de la Obra Kolping Alemania
ADOLFO KOLPING Y SU OBRA
EN EL PASADO Y PRESENTE.


DOCUMENTO DE TRABAJO
publicado por la Obra Kolping Internacional
para las Obras Kolping en América Latina

Obra Kolping Dominicana

 

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